Alicia en el pais de los armarios (3ª entrega).
El viaje en coche fue agradable, ellos delante y nosotras detrás, hablando, riéndonos juntos y yo mas feliz que unas Pascuas al sentir la presencia de Lucia a mi lado, con su cuerpo rozando el mío cada vez que el coche cogía una curva y cuando no había curvas también, porque el coche, un pequeño SEAT 850, no tenía mucho espacio de maniobra.
Ya hacia tiempo que había dejado de preguntarme el por qué de mis sensaciones cuando Lucia estaba cerca, simplemente disfrutaba con cada momento que pasaba a su lado. Tampoco en ningún momento ella había dado muestras de otra cosa que no fuera una, creía yo, gran amistad que nos había llevado a pasear por la ciudad, a tomar unas cañas después de los entrenamientos o después de los partidos, algún que otro cine y, nada mas.
Llegamos al Parador, supongo que como todos los paradores de España, bonito, y digo supongo porque yo llegado ese momento, no veía casi ni oía nada, no tenia otra cosa en la cabeza que una sola duda, ¿Cómo nos íbamos a arreglar para dormir?, y lo único que tenia claro era que yo con Luís Miguel ni en broma me iba a la habitación pero ¿se iría Lucia a la habitación con Alberto?. Si en ese momento me hubieran pinchado juro que no habría sangrado, sentía la boca seca y estaba clavada en el suelo, sintiendo que la respuesta a esa pregunta fuera distinta de la que yo deseaba.
De la cena solo recuerdo que fui incapaz de leer la lista de platos del menú, las letras tendían a saltar y a moverse como si fueran hormigas sobre una hoja de papel... No se al final ni lo que pedí, me limité a pedir lo mismo que Lucia para evitar tener que pensar y terminar haciendo el ridículo.
Por fin terminamos de cenar. Ni que decir tiene que el camarero se había llevado cada uno de mis platos casi sin tocar, me había limitado a remover la comida sin poder casi tragar bocado alguno. Después de pedir café un silencio pesado e incomodo se hizo en la mesa, nuestras mentes deberían estar pensando al unísono lo mismo y ninguno se atrevía a levantar la mirada. En ese momento Lucia, se levantó de la mesa y los tres nos quedamos mirándola expectantes. ¿Y ahora qué?
Pero estaba visto que Lucia lo tenía más que claro que ninguno porque disimulando un bostezo cogió la llave de una de las habitaciones y dijo,
- Bueno chicos me voy a la cama que estoy que me caigo de sueño-.
No se cual de nosotros tres, Alberto, Luís Miguel y yo, estaba mas pendiente de sus palabras, se notaba la tensión en el ambiente y la duda se alojaba por igual en nuestras cabezas. Ay, ay, ay, pensé, me veo toda la noche en el salón del parador leyendo en un sillón, porque yo a la habitación con Luís Miguel no me voy ni atada de pies y manos.



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¿Que ha ocurrido?. Ays por favor.....